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Ser mujer:¿Discurso o mirada? El vortex de la identidad-cuerpo-espacio

Me llamo Diana –como la Diosa romana- y hace más de una década me dedico a la educación menstrual y a la educación sexo-afectiva de personas de todas las edades, con un énfasis especial en las personas más jóvenes. Como educadora, antes de atreverme a acompañar las emociones, el placer y el deseo de otras personas he tenido que revisar escrupulosamente mi propia identidad, descubrir el origen de mis deseos y las limitaciones de mi cuerpo terrenal. Esta revisión resultó ser una empresa interminable e ineludible, a la vez que una aventura dolorosa, estimulante y muy creativa. Como dato motivador puedo decir con orgullo que he sobrevivido al proceso, al menos por el momento.

En mi caso fueron las teorías post-modernistas de autores como Michel Foucault, Judith Butler y Gilles Deleuze las que me permitieron entender que este cuerpo que yo sentía como propio, era un producto de las relaciones de poder y de los intereses políticos de otros.


Entender esto, me permitió diseñar una estrategia vital que luego llevé al ámbito profesional como herramienta educativa: sin autoconocimiento y autocuidado no puedes sentir legitimo placer. Y sin placer, no hay vida.


Para mi, conocer y entender mi cuerpo es una tarea diaria que pasa por interpretar y descifrar las relaciones de políticas y de poder que a lo largo de mi vida han definido su alcance y sus límites, quien YO SOY es una identidad/cuerpo/espacio que forma parte de una sociedad. No puedo describirme de manera abstracta y aislada, sin tener en cuenta los discursos políticos y sociales que intervienen mi cuerpo/espacio/identidad, o sin comparar el antes con el ahora. Me resulta imposible explicarme, describirme y aceptarme sin la mirada de los otros y de las otras.


Y si esto me pasa a mí, que nací en 1979, en la era de las revistas como Cosmopolitan. ¡Me pasa a mí! que por los pelos me salvé de ser milenial. Entonces…

¿Cómo se sienten respecto a sus cuerpos las mujeres de las generaciones on-line? ¿Se pueden aplicar las estrategias del autoconocimiento y el autocuidado cuando una gran parte de tu vida pertenece a tu avatar social?


La mirada feminista: De las venus paleolíticas hasta la Diana 2.0

La arqueología ha recopilado más de 400 figuras de mujeres prehistóricas, elaboradas en materiales como hueso, marfil, cuerno y piedra a lo largo y ancho de todo el continente europeo. Todas ellas desnudas, con vulvas, pechos y nalgas prominentes. Fueron llamadas: Venus paleolíticas porque las primeras interpretaciones apuntaban a que las figuras eran representaciones del ideal de belleza de la época. Pero con la entrada e imposición de los nuevos paradigmas sobre el cuerpo y la belleza, esta hipótesis se descartó y se impuso la idea de que las figuritas eran en realidad representaciones de diosas, una mirada científica que llevó la realidad corpórea y biológica del cuerpo de la mujer al ámbito de lo inmaterial, con un discurso religioso y sublime. El cuerpo de la mujer paso del ámbito vital a un terreno apolítico, se convirtió en un cuerpo/espacio sobrenatural, deseado, pero no deseante.


Art by: Luana Roca @narfentt
Ser Mujer - Diana Pinzón

Las venus se convirtieron en diosas cuando la modernidad logró imponer un ideal de belleza delgadísimo y muy tonificado, que posiblemente nada tiene que ver con lo que era considerado bello por las mujeres del pasado, pero que sobre todo es una imagen opuesta a la de las figuras paleolíticas encontradas.


Estas representaciones anatómicas de cuerpos de mujeres, pasaron a ser artefactos artísticos en las secciones de religiones antiguas de los museos. Nos fuimos del ámbito de la ciencia al de la mitología, con todo lo que esta mudanza implica. Esta moderna interpretación científica, es un ejemplo que revela claramente la mirada androcéntrica en las ciencias y como se aplicó por defecto al análisis de los artefactos artísticos de todos los tiempos.

Art by:@narfentt


¿Qué función tenían estas figuras en su tiempo? ¿Quién las creo y para qué?

Por suerte, la rigurosidad científica del trabajo cooperativo entre la arqueología feminista y disciplinas como la genética y la biología, ha logrado crear un relato histórico sobre las venus paleolíticas más objetivo. Los trabajos publicados por Henri Delporte: La imagen de la mujer en el arte prehistórico (1979) y LeRoy McDermott: Self-Representation in the Upper Paleotlithic Female Figurines (1996), coinciden en cuestionar lo que realmente representaban estas figuras de mujeres halladas en diferentes lugares del continente Europeo. La tesis principal del antropólogo defiende que estas figuras humanas representan la perspectiva que las mujeres tenían de sus cuerpos y concluye que es muy posible que hayan sido creadas desde su propio punto de vista, y no desde la perspectiva de otra persona. Según McDermottt, es más probable que estas figuras sean ‘una respuesta adaptativa a las inquietudes fisiológicas de las mujeres’, algo así como reproducciones de sus cuerpos en formato 3D, creadas por ellas mismas para estudiarse en una época en la que aún no existían ni los espejos ni las fotografías. Es reconfortante pensar que nuestras antepasadas exploraron, estudiaron y aceptaron sus cuerpos tal como ellas los percibían, sin someterlos al escrutinio idealizador de “el otro”.(puedes leer una versión ampliada estas teorías haciendo click aquí).


Sin duda el trabajo de McDermott es una respuesta crítica dirigida hacia la bio-política y al voyerismo androcéntrico. Aun así, sus teorías no logran evitar caer en la trampa de lo que “debe ser” considerado “normal” en cuanto a lo que al cuerpo de la mujer se refiere. Las “desproporciones” que McDermott estudia y analiza, tienen como punto de partida el canon de mujer blanca de clase media y talla mediana que debería borrarse del subconsciente colectivo. Si la teoría de McDermott que representa el feminismo académico contemporáneo (1996) no ha pudo evitar los discursos y la mirada normativa sobre la figura femenina de su tiempo.


Pienso que, los discursos androcentristas que nos convierten a las mujeres en diosas y aquellos que nos venden una supuesta libertad corporal -antes científicos y ahora neoliberales- son la estrategia clave del patriarcado para logra condenar a muchas mujeres a sentirse atrapadas en sus cuerpos, a odiarlos por su tendencia a exceder las medidas o por no representar el canon establecido. La mirada externa es un juez interno, una bitácora y una identidad. A partir de la mirada externa, el individuo crea el discurso interno del ser y construye su propio relato social e identitario que progresivamente se apodera de la memoria del yo.


En resumen, hay tanto ruido afuera que no podemos escuchar quién somos y estamos olvidando de dónde venimos. El histrionismo del mundo virtual quiere mantenernos alejadas de nuestra realidad corporal, porque ME GUSTA más el discurso y la imagen que la realidad. La miradas artificiales, como los filtros de instagram, los robots y las realidades virtuales que "llegan para hacernos la vida más fácil" pero si no estamos alerta acabaremos dejando de pensar y silenciando nuestra voz interior. La mirada virtual nos invita a dejar de sentir y a odiar como nos vemos sin filtros, porque lo natural, lo mutante e imprevisible no son un buen negocio.


En este punto, las preguntas son incómodas, pero inevitables: ¿Qué está pasando entonces con las relaciones humanas? ¿Qué parte de mi se relaciona con el otro/otra? ¿Qué parte de mi cuerpo es la que siente: el brazo, la boca, la mirada o el discurso?


Diana Pinzón

Educadora Menstrual - Investigadora

Texto adaptado para la revista de Bat a Bat


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